Tras toda una vida dedicada a su casa y a sus hijos, Tina Morales se lanzó al mercado laboral, se hizo empresaria y decidió montar su propio negocio. Así nace el 10 de Veedor. Tina quería algo totalmente contrario al negocio de su marido, “aquello es más tipo tasquita”, asegura. Por ello, en el 10 de Veedor se aprecia el esfuerzo por armar un local con toques de restaurante fino y detallista.
El negocio es mimado por Tina y su hijo Juan, que cuidan cada detalle para que el cliente se sienta como en casa. La cocina es natural, fruto de la mezcla de lo clásico con lo actual, pero con brochazos de la gastronomía francesa y marroquí que la hacen más alegre.
Si se acerca por aquí, encontrará una carta que se adapta a todos los bolsillos. De hecho, si se prefiere, se puede disfrutar de la variedad de tapas en la barra, que es amplia. Si no, también se pueden degustar entre la decoración sofisticada del salón comedor.







